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VERGUENZA AJENA
La noticia publicada por la Revista Veintitres, dando cuenta del pasado desconocido de Julio Sosa – como miembro del servicio de inteligencia de la fuerza aerea durante la última dictadura militar – impone algunas reflexiones que son impostergables para aquellos que creemos firmemente en la democracia.
Resulta repugnante tener que aceptar que personas con las que hemos compartido durante años enteros, posean un antecedente de semejantes significaciones.
¿Acaso la Organización Sindical pueda ser responsable del pasado de un afiliado o dirigente?
¿Tenemos derecho a solicitar su desafectarción del Cuerpo Directivo o su desafiliación?
¿Cual es el punto en el que aquellos que repudiamos cualquier tipo de dictadura, pueda tener con aquellos que las han reivindicado trabajando para ellas?
EL SILENCIO ES LA PEOR OPINION
La consigna de la UTPBA, que marcó la lucha contra la muerte de Cabezas, puede ser revindicada hoy como la mejor descripción ante los acontecimientos.
La UNIDAD alcanzada en La Fraternidad es el producto de años en la busqueda de concensos intentando priorizar las coincidencias entre las diferentes fracciones, por encima de cualquier otra cuestión.
Sin embargo, ¿puede ampararse en éstas premisas el silencio sobre cuestiones que rozan los delitos mas horribles contra la humanidad?
Las manifestaciones personales de Horacio Caminos en cuanto a publicar y manifestarse sobre Sentir Verguenza Ajena son las que mas se ajustan a ésta tremenda realidad.
No podemos cambiar la realidad de los otros, porque son realidad ajenas, en tanto sepamos que se trata de “otros” y no de nuestras propias realidades.
Esas tremendas realidades que explotan cerca de uno y nos conmocionan.
Por lo que solo se puede sentir verguenza ajena, sabiendo que parte de esa verguenza nos alcanzara todos los días, de la misma forma que sienten esa verguenza, aquellos que viven en el mismo edificio de algún dictador.
Esa Verguenza seguirá siendo Verguenza Ajena y no habra nada que pueda cambiar esa realidad, porque esa realidad es tan ajena a nuestras conciencias, convicciones y creencias como lo fueron las dictaduras y los mefistófeles de siempre.