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Avanzar es defender conquistas
Estamos en peligro.
Hay un mundo que se cae a pedazos y los gobernantes de los países desarrollados no atinan más que a echar nafta al incendio desatado por el neoliberalismo en todo el hemisferio norte.
Es bueno recordar que lo peor que podemos hacer en caso de peligro es dejarnos arrastrar por el miedo. Leer el resto de esta entrada »
Las “inversiones” del saqueo
Por estos días, la petrolera –sin petróleo– Repsol reclama una indemnización de 10.500 millones de dólares al Estado argentino por la expropiación del 51% de las acciones de YPF. Según el CEO de la compañía, Antonio Bruffau, ese sería un precio justo. Mientras las autoridades de la intervención de la petrolera recuperada calculan cuál es el verdadero “precio justo” que deberá pagarle la Argentina a la multinacional con oficinas centrales de Madrid, conviene repasar otros “precios justos” que, en la década del ’90, los inversores extranjeros y sus socios autóctonos desembolsaron realmente para hacerse con la mayoría de las empresas públicas argentinas, con la complicidad del gobierno encabezado por Carlos Menem y su superministro de Economía, Domingo Cavallo.
La ingeniería jurídica básica para hacer posible la entrega del patrimonio nacional consistió en dos leyes ampliamente votadas por el Congreso Nacional. La primera de ellas, de “Reforma del Estado”, autorizó al gobierno a intervenir las empresas públicas, suprimir sus directorios, dividirlas (como en el caso de la telefónica Entel) y eliminar los organismos de control para que quedaran bajo la exclusiva órbita del Poder Ejecutivo. La segunda, de “Emergencia económica”, eliminó todas las normas y reglamentaciones que diferenciaban al capital extranjero del nacional, abriendo las puertas del país a los futuros apropiadores de su patrimonio.
Con estas reglas, el menemismo –aplaudido por los organismos multilaterales del crédito– encontró la manera de ofrecer un negocio a la medida de los “inversores”. Las por entonces tan vilipendiadas empresas estatales fueron remozadas y vestidas de gala antes de ser puestas en venta. En algunas de ellas, como en el caso de YPF, su planta de personal fue reducida al mínimo; en otras, como Entel, se aplicó un aumento de tarifas de alrededor del 400% antes de abrir la licitación.
Pero el mayor de los atractivos fue la absorción por parte del Estado de la casi totalidad de los pasivos de las empresas. El repaso de algunos casos da una imagen acabada de la magnitud de la maniobra.
En 1993, cuando fue privatizada, la eléctrica Segba tenía un pasivo de 4.820 millones de dólares, de los cuales 4.446 millones (el 92%) fueron absorbidos por el Estado, transfiriéndose sólo 374 millones (el 8%) a los adjudicatarios del servicio.
Otro tanto ocurrió con Entel: Telefónica y Telecom –los consorcios ganadores en la licitación más sospechada del proceso privatizador– sólo se hicieron cargo de 380 millones de dólares del pasivo de la empresa, mientras que el Estado asumió los 1.790 millones restantes.
La petrolera YPF acumulaba un pasivo de 11.300 millones de dólares, de los cuales el Estado se hizo cargo de 8.540 (75,5%) entre deuda externa con bancos y compromisos con organismos internacionales, mientras que Repsol sólo se hizo cargo de 2.800 millones. Como si los beneficios no fueran suficientes, el gobierno condonó una parte significativa de la deuda impositiva de la petrolera.
El pasivo de Gas del Estado antes de la privatización alcanzaba los 2.600 millones de dólares, de los cuales sólo 947 (36%) pasaron a los adjudicatarios.
Pero el caso emblemático es el de Aerolíneas Argentinas, que fue tasada por el gobierno en 541 millones de dólares, valorando solamente sus bienes físicos y dejando de lado los llamados “bienes intangibles”, es decir, las rutas, la marca y la trayectoria de la línea aérea de bandera. Pero además, el Estado se hizo cargo de una deuda de 860 millones de dólares. Así, la aerolínea del Estado español, Iberia, compró una compañía saneada por 260 millones de dólares a pagar en cinco años, y el 50% restante en bonos de la deuda argentina a valor nominal, cuando en aquel momento los consiguieron al 14% de ese valor en el mercado. Una operación increíble.
El gobierno menemista explicó semejante entrega de los bienes del Estado diciendo que así se recuperaban los bonos de la deuda externa que se recibieron como parte de pago en todos los procesos de licitación. Sin embargo, esta absorción de deuda fue insignificante comparada con los pasivos que el Estado argentino debió asumir. La realidad muestra que, al contrario de los discursos, la deuda externa argentina no se redujo sino que siguió aumentando a un ritmo sideral.
Según un informe elaborado por el propio Ministerio de Economía, los ingresos al fisco por las privatizaciones alcanzaron los 23.800 millones de dólares, repartidos en 19.400 millones para el sector público nacional y 4.400 millones para las provincias. El 67% corresponde a los pagos realizados por los grupos económicos extranjeros que se adjudicarlos las empresas públicas.
Como contrapartida de estas “inversiones” extranjeras se produjo un fenomenal aumento de las deudas de las empresas privatizadas, en lo que constituyó un verdadero vaciamiento. Entre 1991 y 1999, el total de las obligaciones externas de estas empresas pasó de 984 a 17.555 millones de dólares (se multiplicó casi 20 veces). En el período que va de 1992 a 1999, solamente en concepto por el pago de intereses de estas deudas, las privatizadas giraron al exterior 5.830 millones de dólares. En concepto de utilidades y dividendos, enviaron a sus casas matrices otros 7.500 millones y sacaron al exterior otros 1.556 millones para “pagar” servicios de gerenciamiento.
Un documento estadístico elaborado en 2001 por la Dirección de Cuentas del Ministerio de Economía demuestra que durante los primeros diez años transcurridos después de las privatizaciones, en promedio, de cada dólar ganado en la Argentina, las empresas extranjeras que se hicieron cargo de las viejas compañías estatales giraron 80 centavos a sus casas matrices.
Para entonces muchos de estos grupos ya habían recuperado largamente la inversión inicial. Por ejemplo, para comprar la vieja Entel, Telefónica y Telecom desembolsaron 1.250 millones de dólares, que recuperar con sus ganancias de los primeros cuatro años. En 1999, Telefónica de Argentina tuvo una ganancia de 458 millones de dólares (algo así como 1.250.000 dólares por día), de los cuales sólo reinvirtió el 20%, el 80% restante salió del país por diferentes conceptos.
La memoria de este remate de empresas que abrió las puertas de un vaciamiento empresarial pocas veces visto en el mundo es apenas uno de los costados de la entrega del patrimonio nacional realizada por el menemato y su continuidad delarruista que provocó la virtual quiebra argentina a fines de 2001. A la hora de evaluar la recuperación es imposible dejar de tener en cuenta de cuán abajo se volvió a empezar.
RESISTENCIA DE LOS DUEÑOS DE LOS CAMPOS, QUE PASARAN DE PAGAR 47 PESOS A PAGAR 67
Un puñado de monedas por los campos más ricos del país
La provincia de Buenos Aires impulsa una reforma tributaria que, pese a que es bastante moderada, provocó la reacción violenta de las patronales agropecuarias. A los dueños de los campos les cuestan más las patentes de sus autos que sus propiedades.
Los dueños de las tierras bonaerenses pagan 47 pesos en promedio por hectárea al año por el impuesto inmobiliario rural. Por un campo de 176 hectáreas en General Madariaga, en el sudeste de la provincia donde la soja desplaza a la tradicional actividad ganadera, abonan 1800 pesos al año por el inmobiliario rural, cuando esa propiedad tiene un valor de mercado aproximadamente de 2,3 millones de pesos. Mientras tanto, el dueño de un Renault Sandero modelo 2011 paga 2700 pesos por la patente de su auto. La introducción de una reforma tributaria que equipararía, a partir de la actualización del valor fiscal de las tierras, el monto que pagan los dueños de los campos más ricos del país y el automovilista del ejemplo despertó la oposición violenta de las cámaras patronales agropecuarias, que el jueves pasado intentaron evitar el avance de la iniciativa forzando el ingreso a la legislatura provincial. Leer el resto de esta entrada »
La política, el termo, la audacia
Raúl Alfonsín solía apelar a una frase que acaso no inventó pero que es valiosa para lidiar contra los discursos de la antipolítica, los mediáticos y sociales, pero también los de las derechas del tipo macrista. Decía el presidente radical que “la política no se hace en condiciones puras de laboratorio”. Más o menos lo mismo, pero en compacto y criollo, reiteró Agustín Rossi en su intenso discurso de cierre en el Congreso: “La política no se hace en un termo”. El hecho de que incluso antes de iniciar ese discurso el Chivo Rossi recibiera desde las gradas un homenaje demorado, que merecía hace tiempo, demuestra lo mismo: hay que jugarse y acumular en política para luego, con suerte, recibir los beneficios. Y cuando la Presidenta, designando a un experto de frondoso currículum como gerente general de la petrolera recuperada, les cierra la boca a las niñas del PRO y otros opositores que hablaron del peligro de YPF como “chiche de La Cámpora”, también demuestra que desde la política las cosas se pueden hacer bien. Leer el resto de esta entrada »
Los tiempos de Menem. Su proyecto, sus cuadros. Supremacías varias. Un plan arrasador, el clima social, oposiciones sin propuestas. El 2001 una crisis, con otras respuestas. Cambios ideológicos de un siglo a otro. La UCR y el FAP, nueva táctica a un nuevo desafío. La señal, luminosa, del tablero electrónico.
Carlos Menem asumió la presidencia en 1989, el mismo año en que cayó el Muro de Berlín, episodio fundacional que le dio contexto. Dos años tardó para encontrar los instrumentos básicos de su proyecto político, que era consonante con la oleada que asolaba el mundo aunque en pocos confines se llegó a extremos tan salvajes. En 1991, con la llegada de Domingo Cavallo y la adopción de la convertibilidad, advinieron la estabilidad monetaria y la política. Diez años de economía política signados por el cepo monetario, seis de hegemonía política (reelección incluida), de primacía cultural. Leer el resto de esta entrada »
La vuelta de la militancia.
El acto en Vélez terminó de definir el sujeto político del kirchnerismo: la juventud militante. Habrá que ir hasta los setenta o los primeros años de la recuperación democrática para ver un protagonismo de los jóvenes semejante en la política nacional, aunque el mismo, y a diferencia de aquellos tiempos, ya no gira en torno a la figura del “trabajador” como sujeto de la Argentina industrial nacida durante el peronismo, ni se encuentra circunscripto a la condición de “ciudadanos” y bajo el formato clásico de los partidos políticos, como sería la marca de un retorno constitucional moldeado por el liberalismo democrático. Leer el resto de esta entrada »
CUANDO LOS MEDIOS NO INFORMAN, DEFORMAN.
“Si nunca entregáramos una Verdad Cierta a nuestros lectores, el negocio se acabaría enseguida” Natalio Botana, Crìtica, 1932.

Que la opinión de la gente es siempre operable y fácil de convencer en los medios de comunicación ya es un prejuicio que la realidad convirtió en una superchería que se verbaliza y nada más. Esa mágica incidencia de la prensa sobre el pensamiento colectivo – preciada mística periodística- mucho ha decaído en su eficacia al menos en América Latina, donde el mismo gentío oyente o lector en verdad muy manejable décadas pasadas, en no pocas eleccionespresidenciales le hizo perder convicción y seriedad a todo eso. Leer el resto de esta entrada »

