LA JAURETCHE

DIFUNDIENDO EL IDEARIO NACIONAL Y POPULAR

Archivo para enero 2012

“Los ricos más ricos y los pobres más pobres”

“El regionalismo abierto es como el matrimonio abierto”, dijo Pinheiro  Guimaraes.
Retirado de Itamaraty, la Cancillería brasileña, considerado uno de los más  importantes intelectuales brasileños, Samuel Pinheiro Guimaraes trabaja hace un  año como alto representante (director) del Mercosur por sugerencia de Lula y  aceptación unánime de la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
–No le toca un mundo fácil para estar a cargo del Mercosur. Leer el resto de esta entrada »

Colonialismo puntocom

Cuando yo concurría a la escuela primaria, hace ya setenta años, en mi casa  compraban, junto con “el” Billiken, la revista Figuritas. Esa revista que  incorporaba imágenes, dibujos, que podrían utilizarse en la escuela, cuentos  para niños y niñas, acertijos y algunas publicidades, incluía sistemáticamente  una frase en el borde superior de cada página: las Malvinas son Argentinas. Y en  alguna doble página interior, un mapa desplegando el perfil de las islas. De  manera que quienes leíamos, inevitablemente, incorporábamos la frase que se  instalaba como un mantra: las Malvinas son Argentinas.
Era necesario saber por qué importaba tener presente ese contenido, de manera  que la revista surtía de datos permanentemente. Contaba la historia y clavaba la  bandera nacional sobre el territorio malvinense. Todas las semanas, los días  jueves, Figuritas repetía el mismo mandato patriótico.
Algún visitante de la familia, al advertir que Figuritas era tema de lectura de  aquella niña, comentó con aire preocupado: “Vean, ustedes están llenándole la  cabeza a la nena con esas historias contra los ingleses. Es chica y se les puede  convertir en nacionalista…”. Eran los tiempos en los que en la escuela nos  enseñaban que la Mazorca pasaba a degüello a los unitarios, que ese rosista de  Rosas había inventado la tiranía en nuestro país, que los buenos –los unitarios– tenían que exiliarse en Uruguay, y alumnos y alumnas recortábamos figuritas de  mazorqueros que traía el Billiken y las pegábamos en los cuadernos, resaltando  la lucha nacional contra la barbarie. Mientras, la figura de Manuelita –la hija  de Rosas– amainaba con su presencia e intervenciones la ferocidad del padre. De  manera que ése era el peligro de convertirme en nacionalista: oponerme a los  ingleses que se habían apropiado de las islas, y por extensión adherir a Rosas.
Mi padre –italiano de la Toscana, simpatizante de la anarquía– se ocupó de  explicarme qué significaba crear una colonia, apoderarse de un territorio y  someter a sus pobladores, o poblarlo con gente propia. Algo complicado para  mantenerse en la mente de una niña de diez años, ya que mi padre murió y yo  quedé a merced de la escuela primaria. Donde no me hablaban de las Malvinas,  pero me enseñaban a leer Amalia, de José Mármol, o sea el cántico a la libertad  de los unitarios exiliados.
Muchos años más tarde, aprendiendo a revisar aquello que me habían enseñado en  las escuelas y aun en las universidades, me di cuenta de qué significaba el  colonialismo: yo había sido colonizada respecto de mi país, y así había  permanecido durante décadas. Fue cuando empecé a regalarles a mis hijos el libro  de Borrero, La Patagonia Trágica (que descubrí revisando libros que se  liquidaban, en la calle Corrientes), obra que describe la Campaña del Desierto y  el etnocidio de los nativos patagónicos y que resultaba difícil encontrar.  También qué sucedía con los puertos de aquellas regiones y con los buques que,  según cuentan, cargaban carnes para el continente europeo. Osvaldo Bayer todavía  no nos había entregado sus textos y a Borrero había que encargarlo porque no se  encontraba en las librerías.
Resultó inevitable que mis hijos dijeran lo no-debido en sus escuelas, y  empezaran, mucho antes que yo, a entender qué significa ser intelectualmente  colonizado. Por supuesto, sus hijos, mis nietos, se negaron a repetir en sus  escuelas la historia oficial acerca de Cristóbal Colón y las joyas de la reina  Isabel la Católica: porque otros fueron los dineros que se usaron para fletar la  Pinta, la Santa María y la Niña. Afortunadamente, uno de mis nietos concurría a  una escuela donde le contaban la historia en serio.
Durante décadas, la herencia colonial saboteó –inútilmente– el añejo mantra de  la abuela: las Malvinas son Argentinas. Por eso, cuando una escucha que los  argentinos somos colonialistas, de memoria recurre a Stoppelman, nuestro  filósofo con humor propio (que acompaña a Víctor Hugo Morales en su programa  radial), cuando dice “pasan cosas raras.com”, y nos advierte que las rarezas  pueden suscitarse del modo menos pensado. Y provenientes de las latitudes más  inesperadas. Que conviene escuchar, impasibles, mientras los niños y las niñas  actuales pegan el perfil de las Islas en sus cuadernos y el resto de la  ciudadanía espera la mesa de negociaciones para recuperarlas. Mientras, los  Estudios Poscoloniales, me parece, podrían incorporarse en los planes de estudio  de niños, niñas y adolescentes que –desde 1998 o antes– nos acercan la voz  esclarecedora y denunciante de los autores latinoamericanos, africanos y otros  colonizados/subordinados por el pensamiento eurocéntrico.
Las Malvinas constituyen un argumento mayor para posicionarse en tanto derechos  nacionales. También porque a la vera de nuestra escucha están las voces de los  chicos de la guerra, los “Pichiciegos” que Rodolfo Fogwill describió con su  prosa tajante, para que también ellos sigan contando cómo fue aquello. Heroico y  malvado.
Mientras su pertenencia no era reconocida por nuestros compatriotas (quizá como  efecto de la educación), las Islas aunque argentinas estaban en la mesa de  negociaciones, ajenas para quienes no pensaban en ellas. La guerra las incluyó  en el pensamiento de muchos. Ahora, el tema forma parte de otra dimensión  política: un pasaje de la modernidad-nacional (rescatada por el conflicto) a la  modernidad-del mundo (que acompaña) y donde el mantra ha sido coloca

Por Eva Giberti

UNA RESPUESTA A PLATAFORMA

Argumentos para una mayor igualdad

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