LA JAURETCHE

DIFUNDIENDO EL IDEARIO NACIONAL Y POPULAR

“Las Malvinas son argentinas”

La presidenta reafirmó el reclamo por la soberanía de las islas
Nosotros debemos saber diferenciar las cosas que ocurrieron, poder separar a quienes gobernaban bajo formas no democráticas del hecho en sí, que es el ejercicio de la soberanía y el rechazo al colonialismo que aún avergüenza en el siglo XXI.” Desde Río Gallegos, esas primeras palabras fuertes de Cristina Fernández de Kirchner en el 29 aniversario del desembarco argentino en Malvinas fueron aplaudidas con fuerza.

La Presidenta estuvo acompañada por gran parte del gabinete nacional, el gobernador Daniel Peralta, y la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos. Ex combatientes y santacruceños presenciaron el acto con lágrimas en los ojos y entonaron canciones en homenaje a los caídos.

La Presidenta pidió que a partir de 2012, en todos los colegios, se dé lectura a la carta que el maestro Julio Cao escribiera a sus alumnos cuando se encontraba como soldado voluntario en las Islas Malvinas.

“Nuestros jóvenes, nuestros niños deben saber que se debe honrar la memoria de los soldados caídos por la patria. Pero que además hubo gente común que fue a dar su vida por la patria, porque los ejemplos enseñan más que mil discursos”, resaltó. “Vamos a pedir que cada uno de los colegios de las distintas provincias de la Argentina lleve el nombre de cada uno de los que combatieron, su historia y su fotografía. No puede llamarse a un país Nación, si no reconoce a quienes murieron por ella”, sostuvo.

La carta fechada en Puerto Rivero, el 29 de abril de 1982, resumía el deseo del maestro: “No hemos tenido tiempo para despedirnos y esto me tuvo preocupado muchas noches aquí en las Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi deber de soldado: defender nuestra bandera”, decía un fragmento de la carta.

“Es imprescindible que los hombres y mujeres que tenemos responsabilidades institucionales, y que todos los argentinos, hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas y saber entender que la Patria y sus derechos están por sobre toda circunstancia que nos haya tocado vivir a cada uno de nosotros”, remarcó emocionada. Y pidió el cumplimiento de mandato de Naciones Unidas para “que Gran Bretaña cumpla, y se siente a negociar con la República Argentina en los términos que se han establecido”.

Cristina endureció sus gestos al hablar de los comentarios ingleses. “Cuando uno escucha algunas manifestaciones de dirigentes del Reino Unido en cuanto a su temor a lo que pueda hacer la Argentina, parece una broma. Acusarnos a nosotros que sólo participamos en misiones de paz, que somos abanderados y ejemplo en el mundo de no proliferación nuclear, poner en duda la voluntad pacífica sujeta a la ley internacional que es la única manera que un país puede llamarse civilizado y democrático”, enfatizó.

Al final del acto sus palabras volvieron a llenarse de esperanza. “Yo sé que vamos a recuperar lo que es nuestro de la mano de Latinoamérica, de la mano de nuestros hermanos que nos apoyan. Pero también sé que el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros caídos en Malvinas es éste, en el que hoy estamos aquí: las fuerzas armadas y los pueblos mezclados. Las banderas oficiales junto a la de los partidos políticos junto a la bandera argentina, porque es en democracia, es en el respeto popular en donde se puede construir la fortaleza de un país, donde se construyen las grandes gestas.”

Las últimas fueron contundentes: “Las Malvinas son argentinas y no cejaremos en nuestro reclamo. Convocamos a todos los argentinos a la buena memoria, a la memoria de los que dieron su vida, a los que no pudieron superar los traumas de la posguerra y perdieron también la vida de la forma más terrible y trágica. Vaya mi homenaje a todos ellos y a sus familias”.
Y al unísono, la Presidenta y los presentes en el acto gritaron: “¡Viva la patria! ¡Vivan las islas Malvinas! ¡Viva la Argentina!”. Río Gallegos fue todo aplausos.

• LAS DOS PLAZAS

El 30 de marzo de 1982, cuando la CGT convocó a marchar por la rectificación de la economía, nadie imaginaba una manifestación pacífica. Pero tampoco era fácil prever la desaforada represión desatada por la dictadura. Por eso, por el dolor de los palos todavía latiendo allí donde habían golpeado, con el ardor de los ojos por los gases lacrimógenos apenas aliviado y la garganta como un rayador por los gritos contra la maquinaria del poder militar, resultó difícil digerir la otra marcha, la del 2 de abril, con la cual Galtieri, saliendo a ese balcón que nunca le perteneció, suplantó su consabido whisky escocés. Resultó difícil aceptar los brazos en alto del dictador y los gritos de “Ar-gen-tina, Ar-gen-tina” taladrando la tarde. Más allá de la certeza del reclamo, más allá de saber que las Malvinas siempre fueron y siempre serán argentinas, resultaba difícil aceptar la maniobra de quienes sólo habían combatido contra el propio pueblo. Los dictadores habían decidido ocupar las islas para negociar, pero el estallido espontáneo de la sociedad los confundió tanto que decidieron ocupar para combatir.

Resultaba difícil –aún a pesar de conocer de sobra el fervor colonialista inglés– no putear contra esa retórica triunfalista que tan caro le costaría al país.

Del mismo modo que resultó difícil creer en la convocatoria militar a los mismos músicos que se había dedicado a perseguir por “subversivos, maricones, comunistas, drogadictos”, es decir, otros. Claro que la respuesta puso las cosas en su lugar. Cuando poco más de un mes después, un lluvioso y gris 16 de mayo, Spinetta, Litto Nebbia, Charly García, León Gieco, Cantilo-Durietz, Pappo, entre muchos otros “otros”, subieron al escenario de Obras Sanitarias y dijeron presente, eran mucho más de 70 mil jóvenes (esos que consiguieron entrar al Festival de Solidaridad Latinoamericana) los que comprendieron que hay cosas que, a pesar de todas las dificultades, siempre fueron y siempre serán irremediables.

Escrito por agrupacionarturojauretche

3 abril, 2011 a 21:04

Escrito en NOTAS

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