LA JAURETCHE

DIFUNDIENDO EL IDEARIO NACIONAL Y POPULAR

A 20 AÑOS DE LA HUELGA GRANDE DEL 91

RAMAL QUE PARA, RAMAL QUE CIERRA

Las Organizaciones sociales como los sindicatos, al igual que los organismos biológicos responden a ciclos vitales que van signando su desarrollo y evolución o bien su transformación para adaptarse a los cambios de época.

Estos ciclos están íntimamente vinculados con el desarrollo de las industrias que le dan vida y a la relación de fuerzas de las organizaciones obreras tanto en el plano sindical, como en el terreno político, ya que los cambios estructurales y de carácter estratégico en las industrias se definen en ese campo.

La crisis que enfrentó La Fraternidad hacia fines de los 80, estaba signada por profundos cambios en los escenarios políticos mundiales, los más importantes tras 30 años de guerra fría entre occidente capitalista y occidente socialista.

La caída del Muro de Berlín preanunciada con las reformas en la antigua U.R.S.S. adelantaba con claridad la caída del “socialismo real del este” como se definía el “socialismo desnaturalizado del stalinismo”, apareciendo ante el mundo como el triunfo definitivo del “occidente capitalista” y la licuación de la Tercera Posición, La Lucha por la Liberación de los Pueblos y El Estado de Bienestar con el cual crecimos y nos formamos varias generaciones.

Con una vorágine pocas veces vista y de la mano de los monopolios de la comunicación al servicio del imperio, se diseminó en el mundo la “Teoría del Fin de la Historia” con lo cual, caído el “socialismo desnaturalizado de la URSS”, se impondría como receta única y universal los conceptos de la Libertad de Mercados para garantizar la hegemonía Demo-liberal-burguesa y las recetas del FMI serían las que se aplicarían con las secuelas desbastadoras que todos hemos padecido en general, pero muy particularmente los ferroviarios.

Hacia 1989 nuestro país enfrentaba una profunda crisis política-social-económica, con una profunda hiperinflación que agigantaba la sensación de inestabilidad  institucional; los saqueos de los barrios ganaban las calles y los haberes de los estatales y jubilados habían caído a límites decadentes.

En ese contexto histórico, La Fraternidad enfrentaría su mayor crisis de representación que intentamos analizar con la más amplia, madura y contemporizadora mirada, con el propósito de ahondar en nuestra Memoria Histórica sobre un hecho que por su trascendencia, nos alcanza a todos sin excepción de ninguna naturaleza, ya que será el hecho que marcará definitivamente un antes y un después en la dilatada vida de nuestra querida Organización.

1989 generaba un verdadero final de época, con la impronta renovada del modelo Neoliberal con un escenario de hiperinflación, saqueos  y la entrega anticipada del gobierno, generaron las condiciones para el diciplinamiento social y la imposición de la receta negadora del Estado y de la libertad sin límites a los mercados.

Un verdadero retorno al capitalismo salvaje y el Estado Ausente, con instituciones, mecanismos políticos y capacidad de gestión mínimos.

El gobierno era el encargado de dar la puntada final al proceso de inserción atropellada y a cualquier costo de la Argentina en el Consenso de Washington.

Con el control en la aplicación de los planes económicos por el Fondo Monetario Mundial y el Banco Mundial, se impuso la receta neoliberal, con un importante  apoyo político y social, dando forma a una verdadera “revolución conservadora”, al lograr desmontar el Estado de Bienestar.

El neoliberalismo impondrá una nueva cultura política, que al adquirir carácter legítimo mediante el apoyo electoral de 1989/1991/1993/1995 controlará la política argentina por más de una década.

El desguace ferroviario.

Los ferrocarriles argentinos venían en un paulatino y sistemático proceso de agonía. Iniciada la destrucción en 1961, durante el gobierno de Arturo Frondizi, con la implementación del plan del General norteamericano Larkin.

La respuesta de los Sindicatos ferroviarios fue una huelga que duró 42 días, y marcó el comienzo de la decadencia del modo ferroviario en nuestro país.

Las dictaduras militares posteriores, sostuvieron medidas de ajuste y racionalización, y cada golpe cívico militar apoyó el crecimiento del modo por carretera, con más  autos, camiones y colectivos.

Todo ello en desmedro del ferrocarril y su tradicional inserción regional. Final para un modelo alternativo y de desarrollo hacia adentro, que motorizó la nacionalización ferroviaria concretada por el General Perón en 1948.

Fue durante la dictadura militar de 1976 que el desguace ferroviario se desarrollo incontenible, dando forma a un definitivo plan de destrucción del ferrocarril y su definitivo reemplazo por los caminos y el camión.

Pero sería el proceso diseñado en el 89, con la inicial promesa de mejorar los servicios y la situación salarial de los trabajadores ferroviarios, que se concretó su quiebra definitiva, concesionado ramales y cerrando otros. Despidos masivos de trabajadores, clausura de talleres y depósitos, la desaparición de cientos de pueblos y una importante emigración hacia las ciudades, fue el resultado inmediato.

El transporte de cargas y pasajeros pasó al automotor, incrementando la saturación de las carreteras, el impacto ambiental y un aumento considerables de los accidentes, con su secuelas de destrucción, muertos y heridos.

Las concesiones otorgadas a grupos empresariales, no resolvieron la crisis del transporte ferroviario, y solo sostuvieron una apropiación parasitaria de recursos y bienes que pertenecían a toda la comunidad nacional, incluidos los ingentes recursos como subsidios, que el Estado aportó a los servicios de pasajeros en la zona metropolitana de Buenos Aires.

Todavía en 1991 ello estaba en cuestión, y el interrogante, pasaba por establecer el verdadero rol de la empresa ferroviaria; si ¿los servicios públicos, entre ellos el ferroviario, estaban para dar ganancias o para servir con eficiencia a un plan de desarrollo nacional y la comunidad argentina?

La respuesta la habría de proporcionar el “exitoso” Plan Económico Neoliberal implementado por el gobierno, de cuyos efectos veinte años después apenas nos estamos recuperando, que al lograr consenso social y legitimación electoral, se impuso luego sin mayores dificultades.

Un verdadero “fondo del infierno” y un momento de quiebre social,  que llevo a la Nación y al pueblo argentino, a que la oposición política y sindical al modelo fuera solamente defensiva y subestimara groseramente la capacidad del gobierno de imponer el proceso de reformas y sobre todo que esa acción resultara legitima y terminara siendo popular, más allá de las dificultades primeras y de la resistencias a su aplicación.

La crisis de La Fraternidad.

A pesas de la grave crisis de representación y de liderazgo que minaba La Fraternidad, llevándola a un callejón sin salida, y del proceso de división creciente, en diciembre de 1989 fue el único de los gremios ferroviarios que enfrentó el plan gubernamental. En setiembre de ese año la Directiva llamaba a una Reunión de Presidentes, la que sesionó en el Teatro Empire a puertas cerradas, lo que denotaba la rispidez entre parte de la conducción con la militancia de las seccionales circunvecinas, que ya habían protagonizado en 1986 y 1987 algunas medidas de fuerza sin el consentimiento de la conducción nacional. Aquella Reunión de Presidentes culminó sin resultados de importancia, sin embargo dejaría entrever como serían las conductas posteriores en cada ferrocarril, toda vez  que el F.C.Belgrano abandono las deliberaciones aduciendo disconformidad con “la sesión de la Reunion de Presidentes a puertas cerradas”, sin embargo, la verdadera causa estaba en el rechazo a debatir cualquier política que se opusiera al Poder Ejecutivo Nacional.

En Diciembre del 89 la AGD comenzó a rodar con mucha presión en la caldera.

La decisión de la mayoría de los delegados para discutir los planes gubernamentales para la privatización presentada por el Banco de Boston, generó que los delegados del F.C.Belgrano y T.E. se retiraran del recinto, suponiendo que dejaban al Congreso acéfalo, sin embargo, una vez contado los delegados, éste siguió sesionando con el quórum estatutario requerido.

En el trámite de esa sesión plenaria que analizaba las consecuencias de un proceso de privatizaciones como el del Banco de Boston, surge la decisión de una medida por 24 Hs. la que se lleva a cabo ordenadamente en todos los ferrocarriles salvo en las T.E. y el F.C.Belgrano que no acatan la decisión de la AGD.

Hacia últimas horas de la tarde se reciben noticias de centenares de telegramas con despidos, la Comisión Directiva durante una cesión nocturna resuelve ampliar el paro a Paro por Tiempo Indeterminado y la AGD ratifica esa decisión en plenario.

Finalmente el paro se extendió por 6 días, incluyó movilizaciones callejeras y una marcha hacia CGT, donde el Cro. Saúl Ubaldini intervino alcanzándose luego de 6 días la reincorporación de los cesantes.

El clima de división agrietó aún más al gremio, el no acatamiento a la medida de varias seccionales desconociendo la decisión soberana de la Asamblea General, recalentó al máximo sus calderas y la presión salió con violencia.

En medio de acusaciones y gritos se produjo la ruptura de la AGD, que debió pasar a cuarto intermedio ante los violentos enfrentamientos, abriendo un interrogante sobre la perspectiva de la futura acción gremial, donde se jugaría el destino de la actividad ferroviaria y del propio Sindicato.

La crisis de La Fraternidad, resultaba inocultable a finales de 1990, dividida en tres sectores antagónicos:  la primera minoría de compañeros ubaldinistas, radicales, socialistas que bien podemos denominar moderados; enfrentados con las políticas del gobierno pero apegados a la organicidad; una segunda minoría aliados del gobierno y una tercer minoría de diversas identidades pero en algunas seccionales fuertemente influenciados por partidos de la izquierda orgánica.

Sin dudas, era el anticipo de un proceso de disgregación de la vieja Sociedad de Maquinistas y Fogoneros, con una conducción sindical que salvo excepciones, carecía de una adecuada lectura y evaluación del grave conflicto que se desarrollaba y que borraba definitivamente  al viejo principio del “Centralismo Democrático” que había hecho agua ya en los conflictos con las circunvecinas a mediados de los 80.

En tanto la sociedad arentina vivía un nuevo “clima de época”: que sostenía la Reforma del Estado, el reino del mercado y las privatizaciones.  Coronado por un discurso ideológico que afirmaba el populismo conservador, el consumismo, el individualismo y la consecuente fragmentación social, debitando el rol del Estado, presa fácil de los grupos poderosos.

Se impuso una suerte de “sentido común colectivo” favorable al proceso privatizador, que hizo que miles de ferroviarios tuvieran como preocupación aprovechar el anzuelo de los retiros voluntarios.

Sin embargo durante  1990, La Fraternidad organizaba con la Comisión de Gremios Estatales movilizaciones y acciones contra el plan privatista, mientras que algunas seccionales del Gran Buenos Aires impulsaban desde la Coordinadora Interseccional Ferroviaria un petitorio nacional en defensa del patrimonio público y los ferrocarriles. En el F.C.Sarmiento corrían los Trenes de la Resistencia, con masivos actos en los pueblos junto con intendentes y sus habitantes, en contra del plan privatizador y en defensa de los trenes interurbanos fuertemente condicionados con los Decretos 44, 45, 46 y 47/1990.

En abril la Comisión Directiva, convocó a un paro nacional, declarado ilegal por el Poder Ejecutivo. Con un acatamiento desigual, varias seccionales desoyen su mandato y no lo realizan, mientras que otras alineadas en la Coordinadora de seccionales del Gran Buenos Aires, profundizan su accionar con marchas y movilizaciones.

A la fragmentación interna se sumaba la división con el resto de las organizaciones ferroviarias ya que en 1989 el Congreso Confederal de la CGT, realizado en el Teatro General San Martín, se formalizó la división del Movimiento Obrero Organizado quedando la UF alineada  junto con el grupo de Sindicatos denominados “gordos”, que oficialistas apoyaban la gestión del gobierno del Presidente Menem. La fraternidad, en cambio, permanece en la CGT liderada por Saúl Ubaldini, que enfrentada al modelo neoliberal seguía resistiendo pese a los conflictos internos.

La Fraternidad en un proceso creciente de fragmentación se disponía a enfrentar algunos de los acontecimientos más dramáticos de su larga vida.

La huelga de 1991 y “ramal que para ramal que cierra”.

En noviembre de 1990 se reabre la 66º Asamblea General de Delegados, pasada a cuarto intermedio un año antes, después del conflicto desatado con las conductas de los dirigentes de los ferrocarriles Belgrano y la Tracción Eléctrica.  Tenía como finalidad clausurar esas deliberaciones y realizar a continuación la 67º Asamblea.

El orden del día de ésta incluía considerar la actuación de los dirigentes de esos ferrocarriles que no habían acatado el paro de la 66º Asamblea, pero que ya habían sido juzgado en sus seccionales y ferrocarriles, dictamen que finalmente es aprobado por el Congreso Estatutario por amplia mayoría, pero rechazado por el grupo de seccionales que respondía a la Coordinadora que movilizados presionaban por la sanción de los dirigentes de las seccionales disidentes y progubernamentales y un plan de lucha que enfrentara de manera frontal y decisiva al gobierno.

Resuelve la 67º Asamblea convocar a un paro de 24 hs. dentro del marco legal, que incluía respetar una probable declaración de conciliación obligatoria. A pesar de ello y de la votación en mayoría por esa posición de los delegados, el agrupamiento de seccionales de la Coordinadora realiza el paro, en contra de la resolución del Ministerio de Trabajo, que finalmente dicta la conciliación.

Miles de telegramas de despido fueron la respuesta del gobierno, y la amenaza de que ramal que parara sería cerrado.

Solidariamente el paro se extendió en la mayoría de las seccionales de todo el país, amplificando el creciente conflicto social, profundizando la crisis de representación y dando lugar a la conformación de la Comisión de Enlace, expresión inorgánica de las seccionales, integrada por un representantes de cada Ferrocarril en conflicto.

Así con una Comisión Directiva debilitada y sin un liderazgo claro y la Mesa de Enlace como virtual e inorgánica comisión paralela, se desarrollara entre los meses de enero y febrero de 1991 una huelga histórica y contradictoria.

El conflicto que se desató supuso un esfuerzo colectivo en condiciones muy desfavorables, agravando la crisis de la vieja Sociedad, al disolverse el principio de autoridad en múltiples facciones, reemplazado por una concepción “basista” incapaz de resolver por si misma la crisis de la conducción fraternal.

Junto a la genuina participación de militantes sindicales de La Fraternidad convocados por la resistencia a los bajos salarios y a los planes de reestructuración del gobierno, se suma la manipulación de grupos políticos, que atizaron la fragmentación de acuerdo a sus propias metodologías y planes de construcción política, desarrollando inútiles disputas por pequeñas parcelas de poder.

Al subestimar de manera brutal las implicancias del profundo cambio histórico producido, con una dosis incomparable de aventurerismo e incomprensión, los aparatos orgánicos de izquierda, terminaron siendo funcional al definitivo triunfo neoliberal.

Hoy, aún se atribuyen una resistencia que solo es patrimonio de los trabajadores ferroviarios de La Fraternidad, junto a otros, que de manera desigual, con dudas y altibajos, protagonizaron una huelga que comenzó siendo salarial y luego cambió en oposición al modelo neoliberal.

La crisis puso en evidencia la debilidad de las viejas concepciones sindicales y “federativas” de La Fraternidad, derivando en las seccionales el funcionamiento de la organización, que desarrollaron alternativas inorgánicas como la Comisión de Enlace, incapaces de aglutinar al conjunto y de conducirlo de manera orgánica y eficaz, con una dirigencia sindical representativa y legítima.

Sin embargo, como producto del impacto social del paro y agobiado el gobierno por medidas de fuerzas en la UTA, CETERA y un humor popular desgastado ante el envío de tropas al Golfo Pérsico,  a dos semanas de iniciado el conflicto el gobierno anuncia la sanción de un Decreto que oficializa la comisión Ad Hoc, reconociéndole potestades que “posibilita la participación orgánica de la Mesa de Enlace, junto a la Comisión Directiva y el Ministerio de trabajo”, abriendo la perspectiva de resolver el conflicto, levantando el largo y desgastante paro.

A pesar de la propuesta gubernamental de aprobar como parte de las negociaciones a la comisión Ad Hoc, discutir aumentos de salarios y la reincorporación  (encubierta) de los cesantes, la fracción de seccionales del Roca de la Comisión de Enlace, influidos por la izquierda orgánica, rechazan esa posibilidad y en una movilización sin precedentes de aparatos partidarios de izquierda, consigue que el plenario de seccionales en Haedo que lo debía tratar, no logre una discusión madura y serena.

Se ratifica tironeado el Paro por Tiempo Indeterminado, entre presiones y acusaciones de todo tipo y finalmente se impone el rechazo de la propuesta gubernamental de formalizar la Comisión Ad-Hoc malogrando una oportunidad histórica.

Sintéticamente  “se niegan a negociar”, sosteniendo una política ultra izquierdista de “todo o nada”, levantando la consigna de “huelga general para derrotar a Menem” y demostrando que “la huelga no era un medio para recuperara salario y reincorporar cesantes, sino un fin en si mismo”.

Los 31 días “adicionales” que siguieron a aquella Resolucion del Plenario de Seccionales sólo sirvieron para desgastar y desmoralizar a la base, aislando a los activistas del resto de la clase trabajadora y el pueblo.

Se pierde una posibilidad  histórica, poniendo en evidencia que los objetivos del paro son manipulados desde afuera y orientados en un sentido partidario, al servicio de la izquierda estructural más radical y aparatista, funcional al Modelo Neoliberal que pregonaban combatir.

Lo que la izquierda orgánica sostenía como la representación de las bases, y lo elevaba a la categoría de verdad consagrada con el mecanismo fraudulento de la “asamblea permanente” donde deciden muy pocos en altas horas de la noche, porque de día siempre hubo escusas, negociaciones, reuniones, etc. etc. para dilatar las resoluciones, las que finalmente se tomaran a la madrugada entre pocos militantes, cuando la mayoría de los cros. estén con sus familias en sus casas.

Detrás de la falacia por el Modelo Sindical, y su democratización se ocultaba en realidad un objetivo compartido con la derecha más reaccionaria, debilitar al Movimiento Obrero y sus organizaciones. No faltó la iniciativa de renunciar a La Fraternidad para la recreación de la Federación Obrera Ferroviaria de orientación clasista.

Toda lucha social y económica es de carácter político, por lo tanto apreciamos el carácter de nuestra lucha, pero negamos la apropiación que de ella pretenden los sectarios, que se la atribuyen como propia, y no dudan en adulterar la historia, en su disputa por pequeñas parcelas de poder o en imponer su propia “línea política” elaborada en sus estructuras partidarias al margen de los trabajadores.

EL FINAL

El paro se sostendrá  manipulado y dividido, pero con el rechazo a una negociación, serán varias las seccionales que al aceptarlas, retornaran al trabajo.

Las más importantes del interior del país y la Tracción Eléctrica salvo Castelar, abandonan la medida.

Solo la intransigencia sectaria y la manipulación de la asamblea permanente, lo mantiene en un pequeño grupo de seccionales vinculadas a la Coordinadora, ya definitivamente copada por los aparatos partidarios de la izquierda orgánica hecho éste denunciado por los compañeros en múltiples actas seccionales, ante la presencia permanente de personas ajenas a la organización en reuniones, asambleas y plenarios.

Un sector de la Mesa de Enlace propone la Huelga de Hambre en Plaza de Mayo a la que también se oponen los representantes del Roca. Finalmente la Huelga de Hambre se desarrolla en las postrimerías y al cabo de 45 días de iniciada todas las medidas se acepta el levantamiento, obteniendo “el mismo aumento salarial que el gobierno propiciaba y que la comisión Ad Hoc, había obtenido apenas levantada la medida 30 días atrás”.

Luego de la huelga:

- Sobrevino el desgaste, la disgregación producida y el sentido de derrota  harán que 3.000 activos de un padrón de 9.000 fraternales acepten los retiros voluntarios, profundizándose la desmovilización, medida ésta por la escasa participación en las asambleas seccionales.

- La mayoría de los dirigentes de la Huelga no fueron elegidos por sus compañeros en las elecciones generales, algunos optaran por los retiros voluntarios, cobrando incluso los fueros y tutelas sindicales.

- El Gobierno triunfa ampliamente en las elecciones parlamentarias, legitimando su acción de gobierno.

- Durante noviembre se concreta la primera concesión ferroviaria, la del ferrocarril Ferro Expreso Pampeano, al grupo Techint.

La Fraternidad como organización, pese a la más profunda derrota, desmovilización y  apatía resistió, en aquellos momentos cruciales de la vida de nuestro país. Discutiendo e  imponiendo el primer Acuerdo Marco convencional con la empresa privada, contra el intento de las patronales para la programación de las horas extraordinarias, sosteniendo y defendiendo una de las tradiciones más preciadas de la identidad fraternal. Alcanzando un básico de 850 dolares contra los 650 que ofrecía inicialmente la empresa.

EL MESIANISMO DEL 92

Luego de haberse negado sistemáticamente a debatir un Balance Político del conflicto de cara a los compañeros en Congresos Regionales y utilizando los más perversos códigos viciosos de las sectas  iluminadas, los cros. encolumnados en la izquierda estructural publican en Enero/Febrero de 1992 la decisión de “reeditar de la histórica huelga”.

Un viernes de marzo en hora pico se genera un disturbio en Plaza Constitución ante la cancelación de un tren eléctrico. Ante la violenta protesta de los usuarios interviene la Policía Federal.

Hay durosy violentos  enfrentamientos con los manifestantes y decenas de detenciones, entre ellos 6 fraternales.

Sin asamblea previa se detiene el tren a Mar del Plata para presionar a la empresa. Alcanzandose el objetivo de victimizarse con telegramas de “disponibilidad” a los agentes afectados, lo que se “vende como cesantías” en la asamblea del día posterior, que por supuesto determina el Paro por Tiempo indeterminado. El objetivo planteado en los documentos partidarios de enro se habían alcanzado.

La mayoría de las seccionales de los ferrocarriles en todo el país, conociendo el método de éstos compañeros rechazan alinearse por solidaridad, fracasando el efecto dominó que se esperaba,  quedando el conflicto circunscripto a 5 secciónales del Roca y 3 del Sarmiento y la medida dejaría tras de sí la marca indeleble de la  irresponsabilidad social, ética, política y sindical de quienes intentaron utilizar a la Organización como trampolines partidarios.

La visión violenta y deformada de la realidad por vía del sectarismo ha sido el sesgo distintivo, incluso en los Balances tardíos como el de 1996 y publicado en internet en http://www.youtube.com/user/rolssti#p/a/u/5/0jjzCDAPB0w cuando declaran públicamente  que “….la huelga triunfo en todos lados…”, o emocionados  “….al reencontrarse con compañeros que – no siendo ferroviarios – han trabajado desde la oscuridad, desde la clandestinidad y que nos han ayudado – tal vez – mucho más que nuestros propios compañeros”….. o justificando  “…..anécdotas como cuando quisieron levantar el paro en Rosario y más de uno se ligó un sillazo…” .

Por supuesto que la democracia sindical así entendida habla a las claras con el grado de irresponsabilidad con que algunos compañeros actuaron y aún se reivindican.

En oposición a esa visión sesgada realizamos nuestro propio balance.

Recuperando las conquistas perdidas y avanzando en la consolidación de nuestro propio Modelo Sindical.

Memoria, para valorar las luchas empeñadas, nuestra propia singularidad, la experiencia acumulada a partir de la valoración de los muchos e importantes errores cometidos.

La unidad conseguida es el fruto de esas valoraciones y no requiere de las tutelas de grupos que solo se representan a ellos mismos.

Es nuestra propia capacidad de decidir y bregar cada día para profundizar el camino de la unidad.

Ello preparó la actualidad de nuestra organización sindical,  en unidad, solidaridad y organización, la única manera que los trabajadores reconocen para transitar democráticamente hacia un futuro mejor.

Lo que somos tiene en gran medida que ver con lo que fuimos, y en nuestra memoria la huelga de 1991, debe ocupar el espacio de las grandes luchas que se dieron y nos modelaron para siempre, a lo largo de toda nuestra larga vida.

Sin desentendernos de nuestras responsabilidades, porque somos sujetos de cambio que tenemos opiniones y propuestas, creemos que el Sindicato es una herramienta al servicio de los trabajadores y encuentra su razón de ser en su Declaración de Principios, en procura de los derechos permanentes y estratégicos de los trabajadores y no en las declaraciones programáticas de los partidos políticos, a la que los individuos podemos y debemos adherir, pero jamás subordinarnos a costa de la debilitar la Unidad de nuestros compañeros.

Al sostener la memoria y la reivindicación de la huelga de 1991, junto con las históricas  de 1912, 1917, 1951, 1961, 1978, entre las más importantes, reconocemos aciertos y errores, virtudes y debilidades, pero de algo estamos seguros, sin ella no seríamos lo que hoy somos.

Al reivindicarla y reivindicarnos  afirmamos nuestra propia identidad y el legado para las futuras generaciones de trabajadores fraternales.

Escrito por agrupacionarturojauretche

9 febrero, 2011 a 5:13

Escrito en NOTAS

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